lunes, 21 de noviembre de 2011

KARMA POSITIVO, KARMA NEGATIVO

Si te pregunto... quién eres... qué respuesta me das... Soy Tal persona, vivo en tal lado, tengo tal nivel educacional o económico, tengo hijos, familia, amigos etc... Pero esa respuesta no responde la pregunta. En todos los idiomas conocidos cuando se habla del YO se coloca fuera del cuerpo, de la mente, del espíritu. Observa, por ejemplo, como decimos en Español YO tengo un cuerpo, YO tengo un alma, YO tengo un espíritu, una mente etc.

Hasta en el lenguaje diferenciamos el cuerpo, la mente, el espíritu, y todos esos atributos del verdadero YO la verdadera Esencia Intima, el Ser Interno, lo que verdaderamente somos y que se manifiesta a través del cuerpo, sentidos, mente etc....

Ese YO está formado por vibraciones, y todo lo que hacemos en nuestro diario vivir es sumergirnos en un universo de vibraciones...

Comemos, por ejemplo, y los alimentos después de la digestión se convierten en moléculas de proteínas, o de carbohidratos o grasas o vitaminas que a su vez se convierten en átomos que están girando, vibrando, dándonos energía, reponiendo nuestro desgaste...

En cada vida, esa energía que ahora late en un cuerpo procede de otros cuerpos en los que también se manifestó, para aprender, para conocer, para vivir y disfrutar.

En el transcurso de nuestras vidas vamos haciendo cosas buenas y cosas malas. Ahora bien ¿qué es lo bueno y que es lo malo? Si nos fijamos en las leyes de los países nos equivocaríamos porque para lo que es bueno en unos lados es malo en otros y así también en la historia de la humanidad. Sin embargo, el conocimiento superior nos enseña que BUENO es todo aquello que nos ayuda a avanzar espiritualmente, a evolucionar positivamente, a ascender en la escala de la evolución a ser cada día mejores seres humanos, a lograr con nuestras acciones, pensamientos y vida subir un escaloncito más en la etapa hacia la perfección y la unión con el Absoluto de donde procedemos. Malo es aquello que nos retarda la evolución, que nos estanca, que nos perjudica a nosotros y a los demás, incluso al ambiente, a los animales, las plantas a todo lo que entramos en contacto.

A medida que vamos aprendiendo y avanzando espiritualmente nos percatamos de esta gran Verdad y entendemos que cada persona, en una etapa determinada está viviendo lo que en esa etapa tiene que vivir según todo aquello BUENO que haya acumulado en su KARMA (o sea, a lo largo de vidas pasadas) y por tanto también viene a cumplir o recibir el pago de acciones MALAS realizadas en el pasado (aquellas que en esta u otras vidas hayan perjudicado su evolución o la de los demás). Como se ve no se trata de un castigo de Dios ni de nada injusto sino simplemente de recibir el efecto de una causa: si una persona se lanza de un décimo piso en un edificio lo más probable es que cuando se caiga al pavimento muera... la muerte no es ningún castigo, es la consecuencia de sus actos, es el efecto de una causa.

Si una persona come demasiado de noche y vuelve a comer y luego tiene indigestión y dolores de estómago no es castigo de nada ni de nadie, es el efecto de una causa.

Precisamente esta es la Ley de la Justicia y la que demuestra el Gran Amor Infinito de Dios porque si nada más tuviéramos una sola oportunidad en medio de la Eternidad, con nuestra ignorancia y torpeza... como podríamos ascender a metas superiores.

Mediante la Ley del Karma podemos entender porque hay personas que aparentemente todo le va muy bien económicamente, por ejemplo, y que sin embargo causan daño, y otras personas muy buenas que tienen problemas.

En uno y otro caso se trata de un aprendizaje.

El buen karma no consiste en no tener dificultades sino en tener la actitud mental, espiritual y personal adecuada para entender lo que está ocurriendo y sacar el mejor partido de esa situación.

Por ejemplo, hay personas sumamente avariciosas, egoístas, que necesitan dinero y dinero y que inclusive son capaces de matar para lograrlo y si pierden el dinero pues serían capaces de suicidarse. Pudiéramos decir que estos son pobres ricos. Gentes que está pagando un Karma y aunque tengan dinero, no son felices. Hay otros que tienen dinero y son felices, otros que no tienen y son muy felices también o muy infelices según el caso.

Cuando entendemos todo esto no juzgamos a nadie porque nos damos cuenta que cada cual está dando lo que puede según su entendimiento y su escala en la evolución.

Por eso, si alguien trata de herirte y eres una persona evolucionada simplemente te inspira compasión porque te das cuenta que las buenas personas nunca tratan de herir a nadie y si alguien lo está haciendo es porque no está muy evolucionada y esto es muy triste y merece tu compasión.

Cuando se habla de quemar el Karma hablamos que en una reencarnación se nos dan determinados momentos duros para adelantar en la deuda que tenemos con la vida, pero al mismo tiempo recibimos Karma positivo que lamentablemente muchas personas no saben aprovechar cuando lo tienen y luego se lamentan que la vida les trata mal cuando lo cierto es que constantemente les ha estado regalando salud, vitalidad, esperanza, amigos, familiares, vista para ver las maravillas de la Creación, oídos para disfrutar la buena música, manos para tocar, un cuerpo para disfrutar la intimidad con otras personas, el contacto con el agua y el Sol.


domingo, 20 de noviembre de 2011

ACEPTAR


¿Qué tengo que hacer? Si tienes la sensación de haber perdido el “rumbo” de tu vida, o de encontrarte atascado en un camino que crees conocer, o de que las cosas que normalmente tendrían que ocurrir ya no están sucediendo, entonces esta carta es para ti.
La verdad es que es para ti, para mí y para la gran mayoría de habitantes del planeta, aunque nos cueste reconocerlo. Nos preguntamos ¿Qué es lo que tenemos que hacer? ¿Qué es exactamente lo que debemos hacer para conseguir vivir lo que ahora queremos vivir? ¿Qué es lo que estamos dejando de hacer que está provocando que nuestras vidas no vayan en la dirección que deseamos? Detrás de estas preguntas subyace el sentimiento de tristeza que a menudo viene acompañado de cierta desesperación. Una especie de llamada de AYUDA que inevitablemente lanzamos en cada uno de nuestros pensamientos, en cada una de nuestras palabras, en cada uno de nuestros actos. Hay algo de nuestra vida que queremos cambiar y no sabemos CÓMO. Es como si toda nuestra experiencia, nuestros conocimientos y nuestra forma de vivir que hasta hace poco nos había “funcionado” hubiesen quedado obsoletos. Y nunca mejor dicho. Pues bien, desde aquí quiero compartir contigo la respuesta que tanto buscas, aunque sé que seguramente te va a sonar un tanto increíble: NO TIENES QUE HACER NADA. Sí, has leído bien y créeme cuando te digo que debes dejar de preguntarte qué es lo que tienes que hacer. Creer lo contrario es sentirte culpable o echar las culpas a algo o a alguien. Por favor vuelve a leer la frase y ojalá que te ayude a recuperar cierta sensación de serenidad y paz en tu interior. No hay nada específico que tengas que hacer porque….No se trata de HACER sino más bien…..de SER. Pero… ¿Ser qué? Pensar que después de la palabra ser debemos añadir algo nos vuelve a situar en el MISMO ESCENARIO desde el que anteriormente no lográbamos encontrar nuestras respuestas. Siempre hemos creído que haciendo algo nos llevaría a ser alguien y prueba de ello es que el sistema que hemos creado en nuestra sociedad es el fiel reflejo de eso mismo. Si estoy en la universidad quiere decir que soy estudiante, si tengo una empresa soy empresaria, si voy al gimnasio soy deportista, si tengo un hijo soy padre, si he escrito un libro soy escritor. No sólo pensamos así sino que además creemos que HAY que ser ALGO o de lo contrario no seremos nada. Y precisamente se trata de eso; DE NO SER NADA. No ser nada es abandonar la creencia de que tenemos que ser algo concreto, como si nuestra identidad o nuestra existencia dependieran de ello. La única existencia que está en peligro es la de nuestro ego, el cual se encarga, muy astuta y hábilmente de crear la imagen ilusoria de nosotros mismos. Queramos o no queramos, hagamos algo o dejemos de hacerlo, seamos conscientes de ello o no…SIEMPRE SOMOS.

 SER es una afirmación, y es tan profunda que nos sitúa más cerca del TODO de lo que nos podemos imaginar. ¿Por qué estar cerca de algo si lo puedes estar de todo? Entonces… ¿A qué me refiero cuando digo que simplemente tenemos que SER? Ser es el estado natural de nosotros mismos y nos aporta un sentimiento de paz, serenidad y amor que siempre deseamos compartir. Ser es estar en paz con nosotros mismos y residir en el corazón. Ser es aceptar tu propia existencia en esta realidad. Es aceptarte a ti mismo tal y como eres y es aceptar las circunstancias en las que te encuentras en este momento. Ser es no juzgar y vivir en gratitud. Ser es no pensar lo que tenemos que hacer sino dejarnos llevar por el primero de los pensamientos, por la voz interior, por la corazonada que siempre hemos negado y que tanto desea ser escuchada. Ser es liberar el tesoro que llevamos dentro. Ser es observarnos y darnos cuenta de que aún tenemos mucho ruido mental y muchas áreas que están pidiendo ser atendidas, trabajadas y transformadas en nuestro propio beneficio. Ser es buscar la transparencia. Ser es estar abierto a la vida y a lo que suceda. Es vivir sin miedos, con fe y gratitud, sabiendo que no hay nada que pueda poner en peligro nuestro propósito en la vida. Ser es nuestro vínculo invisible con el TODO y por consiguiente es el TODO actuando a través de nosotros. Ser es observar cómo la vida va desplegando ante nosotros el camino que deseamos recorrer.

Finalmente decirte que estamos viviendo momentos muy especiales en la evolución de la humanidad que conllevan importantes cambios en nuestra forma de existir. Dichos cambios afectan nuestras agendas personales y nuestras vidas y nos sitúan en un escenario donde parece reinar la incertidumbre y el desconcierto. Es importante que recuerdes que todo lo que está sucediendo es normal y es por el bien de la humanidad. No te dejes arrastras por el sentimiento de miedo que tanta presencia tiene entre la población. El miedo es una energía que contrae el universo. El amor lo expande. Necesitas expandirte, expandir tu ser, residir en el amor de tu corazón, en el lugar donde siempre eres tú. Es hora de escucharte y de recuperar la paz contigo mismo. Acéptate tal y como eres y acepta lo que tienes en este momento porque así estarás en el lugar desde el que puedes empezar a ver y a vivir tu propósito en la vida. El gran propósito de tu vida no es otro que SER. Entiende el alcance de esta afirmación y comprueba los beneficios de vivirla. Celebra la grandiosidad de las cosas más simples de tu realidad, así siempre descubrirás que hay infinitos mundos que explorar. Aprende a reconocer los deseos de tu corazón y a apartar las expectativas creadas por tu mente. No es lo mismo tener expectativas que acceder a una sabiduría. Ah! Y por cierto…que sepas que “allá arriba” nadie se ha olvidado de ti.

ABRAZOS ABRAZADOS



    
Uno abraza a otros como abraza la vida. Uno abraza la vida como se abraza. Hay infinidad de formas de abrazar que podríamos agrupar en tres categorías básicas:

ABRAZO FISICO – Sería aquel en que la consciencia, el énfasis, está en el cuerpo. Suelen ser cortos, fuertes y muchas veces son fríos ya que no se ponen en juego partes más profundas del ser. La respiración es superficial.

ABRAZO EMOCIONAL – Es como su nombre indica altamente emotivo, puede estar cargado de una serie de emociones que nos causan dolor como tristeza, angustia de separación o incluso de miedo. Con frecuencia comienza con dificultades para respirar y sollozos, que suelen desembocar en un liberador llanto hondo. En otros casos es el abrazo con el que compartimos una alegría, una buena noticia; suele ser dinámico y más corto que el anterior.

 ABRAZO DEL ALMA – El alma tiene dos cordones por los que está conectada siempre a la triple personalidad, el hilo de vida que se ancla en el corazón (4º centro) y el hilo de consciencia que se ancla en el séptimo centro (cabeza). Ambos se emplean durante el abrazo que involucra la consciencia meditativa o superior. Abrazar desde el alma no es una técnica es un modo de ser y de vivir, sin embargo hay – como en las prácticas meditativas – ciertas pautas que pueden ayudarnos a enfocar la consciencia y la energía. Lo fundamental insistimos, es la intención, y la mejor intención es siempre la más pura, la más amorosa y la más desapegada, con la intención correcta basta. Si deseamos no obstante profundizar en el conocimiento de los canales que la energía sigue en el seno de nuestro cuerpo podemos acompañar el abrazo de una visualización que modula la energía. Así antes del abrazo es deseable visualizar el triángulo Alma - 7º - 4º, hacemos circular la energía y luego permanecemos con la consciencia en el corazón sintiendo su emisión, su paz, su fuego envolvente. (La energía circula por un triángulo que une los tres lotos de 12 pétalos: el del alma que podemos visualizar a unos 60 – 70 cm sobre la cabeza, el del 7º en un eje vertical justo sobre la cabeza y el del 4º que veremos más abajo y más atrás, concretamente entre los homóplatos). Como suele ocurrir con toda práctica nueva, la visualización podría ser un estorbo al comienzo, pero será sin duda un potenciador una vez incorporada. Con o sin visualización, con o sin conocimiento de qué centros están implicados (y cómo y porqué), lo esencial es que una vez que estamos centrados, que nuestra respiración es profunda y pausada, (y que está centrada en el corazón) estamos prontos para abrazar. Es muy bueno procurar un buen acoplamiento en el momento del encuentro que nos permita tener el peso del cuerpo bien repartido entre las dos piernas de tal forma que nuestra consciencia no esté en sostener el equilibrio, sino en fluir, dar, celebrar el instante único. Cerramos los ojos y con máxima reverencia acogemos al otro como si le recibiéramos en nuestro templo, ingresando a la vez en su templo. Abrazamos con la fuerza justa, como si sostuviéramos en la mano a un pájaro, ni tan flojo que se nos vuele, ni tan apretado que se lastime. Somos conscientes de que el Padre está en nosotros y su fuerza, el masculino en nosotros, se emite a través de la mano derecha. Somos igualmente conscientes de la Madre en nosotros, de que su ternura, su aceptación, se trasmite a través de la mano izquierda. Somos conscientes de la energía que recibimos a través de la respiración, sentimos su gratuidad, sentimos que es un regalo que ha estado allí siempre para nosotros y descubrimos que podemos vivirla y enriquecerla con nuestro colorido de una forma única en cada abrazo. “No es posible bañarse dos veces en el mismo río” dice el aforismo, tampoco es posible volver a vivir el mismo abrazo. En la quietud de sentir nuestra respiración y con devoción por la vida del otro simplemente dejamos el amor fluir. Sentimos que completamos al otro, que somos justo lo que en ese momento necesita, sentimos que el otro nos completa, por lo que nos da, por lo que nos permite dar, por ser el que es. Permanecemos en ese sentir y gradualmente los dos campos de energía se armonizan hasta que, en algunas ocasiones, ya no hay dos que respiran sino una única respiración que acontece entre ambos. Ya no hay dos campos de energía sino una sola nube de paz, ya no hay tiempo, ni sonidos, sino una profunda quietud que baña cada una de nuestras células con la vibración del alma.

ABRAZARNOS Decíamos que la del cómo era la pregunta que responde a todas las preguntas. Si abrazamos bien abrazamos mucho, por descontado. Si abrazamos bien abrazamos a muchos, eso es bien seguro. Si abrazamos bien estamos disponibles casi siempre, eso es seguro. Así quizás la siguiente pregunta sería ¿cómo vivir para abrazar bien? Uno abraza a otros como abraza la vida. Uno abraza la vida como se abraza. ¿Te abrazas? ¿Te aprecias, te conoces? Si no nos conocemos no conocemos nuestras necesidades reales, no cuidamos de nosotros, no nos nutrimos. Si desconocemos nuestras necesidades reales empleamos nuestro tiempo y nuestra energía, procurando satisfacer necesidades falsas, necesidades que parten del no ser, que tienen que ver con programaciones, deseos de otros, reclamos surgidos desde la coraza del carácter. Así nos alejamos del corazón, de la autenticidad, de la unicidad, de la realización. Si no nos abrazamos y abrazamos la vida es porque no hubo alguien en nuestro origen que nos abrazara desde el alma, con frecuencia, con amor. Y está bien, si lo admitimos, si lo tomamos como punto de partida, está bien. No es necesario renunciar, no es inteligente seguir huyendo, no es constructivo negar las carencias. El primer movimiento para recibir ayuda real es creer que otra vida es posible, que otro mundo es posible. El segundo movimiento es elegirlo, vencer las falsas creencias de no merecerlo, abrirse. Abrazar es estar abierto. Abrazar es dejarse abrazar y dejarse abrasar. Es vincularse desde dentro y dejarse conmover. Es dejarse tocar, no con la piel sino con el corazón y los sueños, no en la piel sino en el corazón y el alma. Si te dejas tocar por el alma, el alma está en ti, su fuego nutre tu corazón y canta a cada una de tus células. Tu calor enciende a aquellos que miras, que tocas, que abrazas. Tu ejemplo inspira. Tu compañía nutre. Tu presencia acompaña. Tu sonrisa ilumina. Tu alegría contagia. Si te abrazas, si te quieres, si te reconoces, abrazas lo que te conviene, lo que te construye. Abrazar la verdad nos libera. Abrazar la responsabilidad nos madura. Abrazar el esfuerzo nos lleva a la fortaleza y la eficacia. Abrazar la sinceridad, la empatía y la apertura nos lleva a la amistad. Abrazar la inofensividad, la responsabilidad, la reciprocidad y la entrega lleva al amor. Abrazar el amor nos protege del falso amor, ese que siendo dependencia, apego, idealización nos niega, nos debilita y nos empobrece. Abrazar el amor es abrazar a un tiempo la valentía y la bondad ya que el amor no teme, el amor salvaguarda lo justo, lo noble, lo bueno. Abrazar el amor es ser testigo de Dios, mensajero de Dios, discípulo de Dios y serlo en el silencio magno del ejemplo.


ACTUAR EN CONSECUENCIA Si el contacto, el abrazo y el soporte afectivo prolongan la vida en caso de metástasis, si tienen un poder analgésico incluso para dolores severos, si mejoran el sistema inmunológico, si nos hacen sentir bien, más seguros, más queridos, más valiosos, más conectados a la vida ¿a qué estamos esperando? Podríamos hoy dejar de poner tanto énfasis en las cremas, las dietas, la ropa, los gimnasios, el dinero y tantas otras cosas y regresar a la verdad esencial, nos necesitamos. Necesitamos los unos de los otros. Expresar afecto, abrazar, dar, estar disponible, ser cordial, ser cálido es esencial para sanar la vida. . Podemos abrazar a los amigos con sólo pasar la barrera de los dos besos protocolarios un poquito más allá, ellos pronto tendrán la iniciativa. Hemos de abrazar mucho a nuestros hijos y acariciar a nuestras mascotas, los más pequeños siempre se nutren de nuestro amor, lo necesitan. Podemos contagiarnos unos a otros de las ganas de abrazar y ser abrazado, podemos fluir, experimentar, abrirnos, descubrirnos y sanarnos. Abracemos la vida y elijamos gente que abrace la vida. El mundo es nuestro mundo, nuestra construcción.

Carlos

EL NIÑO INTERIOR



Nuestro Niño está herido y sólo. ¿Eso es nuestra culpa? Esa es la primera pregunta que se plantea cuando hablamos sobre el Niño. Inmediatamente vemos culpabilidad. Es muy importante comprender que no existe la culpa. No somos culpables de nada, y esto tiene que estar muy claro o no funcionará. Culpable no tiene nada que ver con ser responsable.

Para restablecer esta comunicación hay que dejar de lado muchas de nuestras creencias ancestrales. Estas creencias, que pasan de generación en generación, yo las llamo “mandatos”, sólo por definirlas de algún modo, porque llevan formas de pensamiento que son difíciles de romper y “se supone” que debemos actuar de determinada manera ante ellas, o asumir determinada actitud…  porque si lo hiciéramos de otra forma, no se vería bien. Hay una resistencia a cambiar esta manera de pensar. Incluso cuando intelectualmente se puede comprender que mantenerla es una operatoria inútil, algunos llegan a sentirse mal físicamente cuando intentan el cambio.

Cortar con una creencia ancestral es hasta… doloroso. Pero son barreras que se interponen en nuestra relación con el Niño y debemos limpiarlas, barrerlas… aunque nos parezca que las necesitamos.

Y tienen que saber que todas estas barreras que parecen tan necesarias, sólo son juguetes del ego… que juegan con nuestra mente para obedecer sus mandatos. Todos sabemos que los mandatos del ego tienen que ver con el miedo y con la culpa. Ese mismo miedo y culpa que nos hace experimentar que estamos “separados” de Dios. Todos sabemos que somos UNO… Creo que nadie duda de esta aseveración… Nunca se preguntaron ¿por qué no lo experimentamos?... Memorias, pensamientos erróneos apilados que se han convertido en mandatos ancestrales… pero esto da para otro post… vamos con lo que nos ocupa ahora… el NIÑO.

Verán… “prestarse atención a uno mismo”, “escuchar eso que uno mismo tiene para decirse”, muchas veces suena a… “egocentrismo”. A muchas personas… ni se les ocurre. Muchos porque piensan que los demás son más importantes, o porque tienen la responsabilidad de una familia, o porque tienen personas a cargo que necesitan atención, o porque tienen problemas. “Yo no importo”, “lo que importa es mi familia, mi problema, mis hijos, mi marido, el familiar enfermo, etc.” Todas estas son respuestas de por qué no me estoy “prestando atención”. “Yo no soy importante. Los otros son importantes”. Esto es algo que guardamos en el subconsciente. Lo hemos creado, aceptado y acumulado. Y esto es un juicio… con sentencia...

Es muy difícil establecer la relación con el Niño si uno mismo no es capaz de contactar con sus propias emociones. No puedo comenzar el proceso del cleaning (limpieza) si no puedo identificar y perdonar esa emoción. Muchas personas piensan que es suficiente con “contener” las emociones… piensan que hay que reprimirlas… y que perdonarlas es simular que no están allí. ¡Eso no sirve! Eso equivale a crear, aceptar y acumular memorias.



TODAS nuestras relaciones estarán fragmentadas si nuestra relación con nuestro Niño no es sanada. Esa es una verdad para asimilar. Todas nuestras relaciones disfuncionales tienen que ver con una relación disfuncional con nuestro Niño interior. Ahora volveremos a pensar, muy seriamente,  si “prestarnos atención” es un acto egocéntrico.

Cada emoción que viene es una manifestación de algo que ocurre con nuestro Niño. No la juzgo. No digo que esa emoción sea “buena” o “mala”. Sólo presto atención a la emoción. Eso que uno está sintiendo en ese momento puede ser grato o no. Lo importante es que nos indica que es un muy buen momento para comenzar la limpieza. Ahora, si esa limpieza la comienzo con una relación con mi Niño, y establezco un contacto amoroso, mi Niño colaborará con el proceso: “¿Qué ocurre en nuestro interior que estamos experimentando esto?” “no tengo idea de qué es lo que me causa esta emoción, pero lo que sea, me gustaría sanarlo” “Querido Niño (muchas personas le dan un nombre… esto depende de cada uno), esto que sentimos no me ha gustado (o puede ser que sí te haya gustado, entonces tu charla con el Niño será para elaborar un plan que traiga más de eso), no sabemos exactamente de dónde proviene, pero es hora de que lo dejemos ir. “Gracias por mostrarme eso que quieres liberar” (igual, si te ha hecho feliz… entonces: “Gracias por mostrarme esto que te hace feliz”, de tal modo que nos concentraremos en este tipo de experiencias). Vamos a hacer las paces con lo que sea que nos esté perturbando y se lo vamos a dar a la Fuente para que lo transmute y así seremos todos liberados”

No podemos hacerlo solos. Tendremos que aceptar eso. Nuestra tarea es sanar la relación de modo amoroso. La Fuente es la que transmuta eso que hemos acumulado.

Es increíble cómo comienzas a ver y experimentar situaciones que estaban allí y no tenías idea de cuánto las disfrutabas. Y muchas veces sucede que algo que te parecía sumamente placentero, simplemente deja de serlo… tal vez porque es algo que a la larga te haría daño o sólo un cambio de percepción.

Con el tiempo, descubres que no necesitas nada. Ya no te identificas con las formas y sabes que lo tienes TODO, con sólo cerrar los ojos y sentir tu respiración. Allí mismo es CERO… tu Casa…

Es prácticamente imposible comenzar el proceso de cleaning si no conectamos con nuestro Niño interior. Y es imposible ayudar a otros si no limpiamos primero en nosotros mismos.

Nosotros no podemos limpiar en otros. Sólo podemos limpiar en nuestro propio Ser, tomando 100% de responsabilidad sobre todo lo que llega a nuestra experiencia. Y para hacerlo tenemos que sanar nuestra conexión. No hay opción. Nuestro Ser debe estar primero y siempre y anteponer nuestro Ser a cualquier otra situación.



Estamos entrenados para pensar que no somos importantes y eso se ha convertido en un mandato que tendremos que limpiar. Eso, si queremos sanar nuestro mundo y todo lo demás, y experimentar la Paz más allá de toda comprensión.

Cada vez que nos encontremos ante una práctica inútil de resistencia, contactemos con nuestro Niño. Muchas veces quedamos colgados de situaciones injustas, situaciones incómodas, tormentosas… y podemos ver que esto que hacemos es inútil y que nuestro sufrimiento es inútil, pero aun así insistimos y, sin la ayuda de nuestro Niño, no sólo quedamos atrapados allí, sino que le infringimos más daño y más soledad… más dolor, que crea aún más dolor.

Podemos elegir colgarnos y ser netamente reactivos, poniendo nuestro poder en manos del ego, o podemos soltar y permitir que Dios lo arregle todo, de la mano de nuestro Niño.

Estamos entrenados para pensar que si es complicado y terriblemente difícil, seguramente ese es el camino de la libertad. Y la verdad es que el camino de la libertad es simple y está en la punta de nuestras narices… pero como no creemos que sea posible, no logramos verlo.

Esto nos lleva a otro mandato al que hay que poner especial atención: “Son muchos los llamados y pocos los elegidos”. Les voy a contar una experiencia personal. Si dentro de tu corazón existe el profundo anhelo de volver a Casa, Dios hará todo, TODO lo necesario para que eso ocurra. Nuestra única tarea es no poner resistencia y permitir que todo se libere, permitir que el pasado se vaya, que el futuro venga y que el presente sea. Esto es el único secreto. Y confiar en que Dios instrumentará todo lo demás.

 Gracias Carlos, autor del artículo

Abrazos Abrazados.