Uno abraza a otros como abraza la vida. Uno abraza la vida como se abraza. Hay infinidad de formas de abrazar que podríamos agrupar en tres categorías básicas:
ABRAZO FISICO –
Sería aquel en que la consciencia, el énfasis, está en el cuerpo. Suelen ser
cortos, fuertes y muchas veces son fríos ya que no se ponen en juego partes más
profundas del ser. La respiración es superficial.
ABRAZO EMOCIONAL – Es
como su nombre indica altamente emotivo, puede estar cargado de una serie de
emociones que nos causan dolor como tristeza, angustia de separación o incluso
de miedo. Con frecuencia comienza con dificultades para respirar y sollozos,
que suelen desembocar en un liberador llanto hondo. En otros casos es el abrazo
con el que compartimos una alegría, una buena noticia; suele ser dinámico y más
corto que el anterior.
ABRAZO DEL ALMA – El
alma tiene dos cordones por los que está conectada siempre a la triple
personalidad, el hilo de vida que se ancla en el corazón (4º centro) y el hilo
de consciencia que se ancla en el séptimo centro (cabeza). Ambos se emplean
durante el abrazo que involucra la consciencia meditativa o superior. Abrazar
desde el alma no es una técnica es un modo de ser y de vivir, sin embargo hay –
como en las prácticas meditativas – ciertas pautas que pueden ayudarnos a
enfocar la consciencia y la energía. Lo fundamental insistimos, es la
intención, y la mejor intención es siempre la más pura, la más amorosa y la más
desapegada, con la intención correcta basta. Si deseamos no obstante profundizar
en el conocimiento de los canales que la energía sigue en el seno de nuestro
cuerpo podemos acompañar el abrazo de una visualización que modula la energía.
Así antes del abrazo es deseable visualizar el triángulo Alma - 7º - 4º,
hacemos circular la energía y luego permanecemos con la consciencia en el corazón
sintiendo su emisión, su paz, su fuego envolvente. (La energía circula por un
triángulo que une los tres lotos de 12 pétalos: el del alma que podemos visualizar
a unos 60 – 70 cm sobre la cabeza, el del 7º en un eje vertical justo sobre la
cabeza y el del 4º que veremos más abajo y más atrás, concretamente entre los
homóplatos). Como suele ocurrir con toda práctica nueva, la visualización
podría ser un estorbo al comienzo, pero será sin duda un potenciador una vez
incorporada. Con o sin visualización, con o sin conocimiento de qué centros
están implicados (y cómo y porqué), lo esencial es que una vez que estamos
centrados, que nuestra respiración es profunda y pausada, (y que está centrada
en el corazón) estamos prontos para abrazar. Es muy bueno procurar un buen
acoplamiento en el momento del encuentro que nos permita tener el peso del cuerpo
bien repartido entre las dos piernas de tal forma que nuestra consciencia no
esté en sostener el equilibrio, sino en fluir, dar, celebrar el instante único.
Cerramos los ojos y con máxima reverencia acogemos al otro como si le
recibiéramos en nuestro templo, ingresando a la vez en su templo. Abrazamos con
la fuerza justa, como si sostuviéramos en la mano a un pájaro, ni tan flojo que
se nos vuele, ni tan apretado que se lastime. Somos conscientes de que el Padre
está en nosotros y su fuerza, el masculino en nosotros, se emite a través de la
mano derecha. Somos igualmente conscientes de la Madre en nosotros, de que su
ternura, su aceptación, se trasmite a través de la mano izquierda. Somos
conscientes de la energía que recibimos a través de la respiración, sentimos su
gratuidad, sentimos que es un regalo que ha estado allí siempre para nosotros y
descubrimos que podemos vivirla y enriquecerla con nuestro colorido de una
forma única en cada abrazo. “No es posible bañarse dos veces en el mismo río”
dice el aforismo, tampoco es posible volver a vivir el mismo abrazo. En la
quietud de sentir nuestra respiración y con devoción por la vida del otro simplemente
dejamos el amor fluir. Sentimos que completamos al otro, que somos justo lo que
en ese momento necesita, sentimos que el otro nos completa, por lo que nos da,
por lo que nos permite dar, por ser el que es. Permanecemos en ese sentir y
gradualmente los dos campos de energía se armonizan hasta que, en algunas
ocasiones, ya no hay dos que respiran sino una única respiración que acontece
entre ambos. Ya no hay dos campos de energía sino una sola nube de paz, ya no
hay tiempo, ni sonidos, sino una profunda quietud que baña cada una de nuestras
células con la vibración del alma.
ABRAZARNOS Decíamos
que la del cómo era la pregunta que responde a todas las preguntas. Si abrazamos
bien abrazamos mucho, por descontado. Si abrazamos bien abrazamos a muchos, eso
es bien seguro. Si abrazamos bien estamos disponibles casi siempre, eso es
seguro. Así quizás la siguiente pregunta sería ¿cómo vivir para abrazar bien? Uno
abraza a otros como abraza la vida. Uno abraza la vida como se abraza. ¿Te
abrazas? ¿Te aprecias, te conoces? Si no nos conocemos no conocemos nuestras necesidades
reales, no cuidamos de nosotros, no nos nutrimos. Si desconocemos nuestras
necesidades reales empleamos nuestro tiempo y nuestra energía, procurando
satisfacer necesidades falsas, necesidades que parten del no ser, que tienen
que ver con programaciones, deseos de otros, reclamos surgidos desde la coraza
del carácter. Así nos alejamos del corazón, de la autenticidad, de la unicidad,
de la realización. Si no nos abrazamos y abrazamos la vida es porque no hubo
alguien en nuestro origen que nos abrazara desde el alma, con frecuencia, con
amor. Y está bien, si lo admitimos, si lo tomamos como punto de partida, está
bien. No es necesario renunciar, no es inteligente seguir huyendo, no es
constructivo negar las carencias. El primer movimiento para recibir ayuda
real es creer que otra vida es posible, que otro mundo es posible. El segundo
movimiento es elegirlo, vencer las falsas creencias de no merecerlo,
abrirse. Abrazar es estar abierto. Abrazar es dejarse abrazar y dejarse
abrasar. Es vincularse desde dentro y dejarse conmover. Es dejarse tocar, no
con la piel sino con el corazón y los sueños, no en la piel sino en el corazón
y el alma. Si te dejas tocar por el alma, el alma está en ti, su fuego nutre tu
corazón y canta a cada una de tus células. Tu calor enciende a aquellos que
miras, que tocas, que abrazas. Tu ejemplo inspira. Tu compañía nutre. Tu
presencia acompaña. Tu sonrisa ilumina. Tu alegría contagia. Si te abrazas, si
te quieres, si te reconoces, abrazas lo que te conviene, lo que te construye.
Abrazar la verdad nos libera. Abrazar la responsabilidad nos madura. Abrazar el
esfuerzo nos lleva a la fortaleza y la eficacia. Abrazar la sinceridad, la
empatía y la apertura nos lleva a la amistad. Abrazar la inofensividad, la
responsabilidad, la reciprocidad y la entrega lleva al amor. Abrazar el amor
nos protege del falso amor, ese que siendo dependencia, apego, idealización nos
niega, nos debilita y nos empobrece. Abrazar el amor es abrazar a un tiempo la
valentía y la bondad ya que el amor no teme, el amor salvaguarda lo justo, lo
noble, lo bueno. Abrazar el amor es ser testigo de Dios, mensajero de Dios,
discípulo de Dios y serlo en el silencio magno del ejemplo.
ACTUAR EN CONSECUENCIA Si el
contacto, el abrazo y el soporte afectivo prolongan la vida en caso de metástasis,
si tienen un poder analgésico incluso para dolores severos, si mejoran el
sistema inmunológico, si nos hacen sentir bien, más seguros, más queridos, más
valiosos, más conectados a la vida ¿a qué estamos esperando? Podríamos hoy
dejar de poner tanto énfasis en las cremas, las dietas, la ropa, los gimnasios,
el dinero y tantas otras cosas y regresar a la verdad esencial, nos
necesitamos. Necesitamos los unos de los otros. Expresar afecto, abrazar, dar,
estar disponible, ser cordial, ser cálido es esencial para sanar la vida. .
Podemos abrazar a los amigos con sólo pasar la barrera de los dos besos protocolarios
un poquito más allá, ellos pronto tendrán la iniciativa. Hemos de abrazar mucho
a nuestros hijos y acariciar a nuestras mascotas, los más pequeños siempre se
nutren de nuestro amor, lo necesitan. Podemos contagiarnos unos a otros de las
ganas de abrazar y ser abrazado, podemos fluir, experimentar, abrirnos,
descubrirnos y sanarnos. Abracemos la vida y elijamos gente que abrace la vida.
El mundo es nuestro mundo, nuestra construcción.
Carlos
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