Nuestro Niño
está herido y sólo. ¿Eso es nuestra
culpa? Esa es la primera pregunta que se plantea cuando hablamos sobre el Niño.
Inmediatamente vemos culpabilidad. Es muy importante comprender que no existe la culpa. No somos culpables
de nada, y esto tiene que estar muy claro o no funcionará. Culpable no tiene nada que ver con ser responsable.
Para restablecer esta comunicación hay que dejar de
lado muchas de nuestras creencias ancestrales. Estas creencias, que pasan de
generación en generación, yo las llamo “mandatos”, sólo por definirlas de algún
modo, porque llevan formas de pensamiento que son difíciles de romper y “se
supone” que debemos actuar de determinada manera ante ellas, o asumir
determinada actitud… porque si lo
hiciéramos de otra forma, no se vería bien. Hay una resistencia a cambiar esta manera de pensar. Incluso cuando
intelectualmente se puede comprender que mantenerla es una operatoria inútil,
algunos llegan a sentirse mal físicamente cuando intentan el cambio.
Cortar con una creencia ancestral es hasta… doloroso.
Pero son barreras que se interponen en nuestra relación con el Niño y debemos
limpiarlas, barrerlas… aunque nos parezca que las necesitamos.
Y tienen que saber que todas estas barreras que parecen
tan necesarias, sólo son juguetes del ego… que juegan con nuestra mente para
obedecer sus mandatos. Todos sabemos que los mandatos del ego tienen que ver
con el miedo y con la culpa. Ese mismo miedo y culpa que nos hace experimentar
que estamos “separados” de Dios. Todos sabemos que somos UNO… Creo que nadie duda de esta aseveración… Nunca se
preguntaron ¿por qué no lo experimentamos?... Memorias, pensamientos erróneos
apilados que se han convertido en mandatos ancestrales… pero esto da para otro
post… vamos con lo que nos ocupa ahora… el NIÑO.
Verán… “prestarse atención a uno mismo”,
“escuchar eso que uno mismo tiene para decirse”, muchas veces suena a…
“egocentrismo”. A muchas personas… ni se les ocurre. Muchos porque piensan que los
demás son más importantes, o porque tienen la responsabilidad de una familia, o
porque tienen personas a cargo que necesitan atención, o porque tienen
problemas. “Yo no importo”, “lo que importa es mi familia, mi problema, mis
hijos, mi marido, el familiar enfermo, etc.” Todas estas son respuestas de por
qué no me estoy “prestando atención”. “Yo no soy importante. Los otros son
importantes”. Esto es algo que guardamos en el subconsciente. Lo hemos
creado, aceptado y acumulado. Y esto es un juicio… con sentencia...
Es muy difícil establecer la relación con el Niño si
uno mismo no es capaz de contactar con sus propias emociones. No puedo comenzar
el proceso del cleaning (limpieza) si no puedo identificar y perdonar esa
emoción. Muchas personas piensan que es suficiente con “contener” las
emociones… piensan que hay que reprimirlas… y que perdonarlas es simular que no
están allí. ¡Eso no sirve! Eso equivale a crear, aceptar y acumular memorias.
TODAS nuestras relaciones estarán fragmentadas si
nuestra relación con nuestro Niño no es sanada. Esa es una verdad para
asimilar. Todas nuestras relaciones
disfuncionales tienen que ver con una relación disfuncional con nuestro Niño
interior. Ahora volveremos a pensar, muy seriamente, si “prestarnos atención” es un acto
egocéntrico.
Cada emoción que viene es una manifestación de algo
que ocurre con nuestro Niño. No la juzgo. No digo que esa emoción sea “buena” o
“mala”. Sólo presto atención a la emoción. Eso que uno está sintiendo en ese
momento puede ser grato o no. Lo importante es que nos indica que es un muy
buen momento para comenzar la limpieza. Ahora, si esa limpieza la comienzo con
una relación con mi Niño, y establezco un contacto amoroso, mi Niño colaborará
con el proceso: “¿Qué ocurre en nuestro interior que estamos experimentando
esto?” “no tengo idea de qué es lo que
me causa esta emoción, pero lo que sea, me gustaría sanarlo” “Querido Niño
(muchas personas le dan un nombre… esto depende de cada uno), esto que sentimos
no me ha gustado (o puede ser que sí te haya gustado, entonces tu charla con el
Niño será para elaborar un plan que traiga más de eso), no sabemos exactamente
de dónde proviene, pero es hora de que lo dejemos ir. “Gracias por mostrarme eso que
quieres liberar” (igual, si te ha hecho feliz… entonces: “Gracias
por mostrarme esto que te hace feliz”, de tal modo que nos
concentraremos en este tipo de experiencias). Vamos a hacer las paces con lo
que sea que nos esté perturbando y se lo vamos a dar a la Fuente para que lo
transmute y así seremos todos liberados”
No podemos hacerlo solos. Tendremos que aceptar eso.
Nuestra tarea es sanar la relación de modo amoroso. La Fuente es la que
transmuta eso que hemos acumulado.
Es increíble cómo comienzas a ver y experimentar
situaciones que estaban allí y no tenías idea de cuánto las disfrutabas. Y
muchas veces sucede que algo que te parecía sumamente placentero, simplemente
deja de serlo… tal vez porque es algo que a la larga te haría daño o sólo un
cambio de percepción.
Con el
tiempo, descubres que no necesitas nada.
Ya no te identificas con las formas y sabes que lo tienes TODO, con sólo cerrar
los ojos y sentir tu respiración. Allí mismo es CERO… tu Casa…
Es
prácticamente imposible comenzar el proceso de cleaning si no conectamos con
nuestro Niño interior. Y es imposible ayudar a otros si no limpiamos primero en
nosotros mismos.
Nosotros no podemos limpiar en otros. Sólo podemos
limpiar en nuestro propio Ser, tomando 100% de responsabilidad sobre todo lo
que llega a nuestra experiencia. Y para hacerlo tenemos que sanar nuestra
conexión. No hay opción. Nuestro Ser
debe estar primero y siempre y anteponer nuestro Ser a cualquier otra
situación.
Estamos
entrenados para pensar que no somos importantes y eso se ha convertido en un
mandato que tendremos que limpiar. Eso, si queremos sanar nuestro mundo y todo
lo demás, y experimentar la Paz más allá de toda comprensión.
Cada vez que nos encontremos ante una práctica inútil
de resistencia, contactemos con nuestro Niño. Muchas veces quedamos colgados de
situaciones injustas, situaciones incómodas, tormentosas… y podemos ver que
esto que hacemos es inútil y que nuestro sufrimiento es inútil, pero aun así
insistimos y, sin la ayuda de nuestro Niño, no sólo quedamos atrapados allí,
sino que le infringimos más daño y más soledad… más dolor, que crea aún más
dolor.
Podemos elegir colgarnos y ser netamente reactivos,
poniendo nuestro poder en manos del ego, o podemos soltar y permitir que Dios
lo arregle todo, de la mano de nuestro Niño.
Estamos
entrenados para pensar que si es complicado y terriblemente difícil,
seguramente ese es el camino de la libertad. Y la verdad es que el camino de la
libertad es simple y está en la punta de nuestras narices… pero como no creemos
que sea posible, no logramos verlo.
Esto nos lleva a otro mandato al que hay que poner
especial atención: “Son muchos los llamados y pocos los elegidos”. Les voy a
contar una experiencia personal. Si dentro de tu corazón existe el profundo
anhelo de volver a Casa, Dios hará todo, TODO lo necesario para que eso ocurra.
Nuestra única tarea es no poner resistencia y permitir que todo se libere,
permitir que el pasado se vaya, que el futuro venga y que el presente sea. Esto
es el único secreto. Y confiar en que Dios instrumentará todo lo demás.
Abrazos Abrazados.
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